LUGARES

El entorno geográfico resulta esencial para comprender el espíritu y el desarrollo de las sociedades del pasado,tanto como de las de hoy en día. En El jardín de Hipatia los entornos físicos se hacen palpables, se perciben a través de los sentidos y, en más de una ocasión, llegan a adquirir vida propia. El caso más notable es de la ciudad de Alejandría, que lejos, de representar un escenario inamovible sobre el que se desarrolla la acción, constituye en sí misma uno de los personajes fundamentales de la novela.

ALEJANDRÍA

La gran metrópolis del delta egipcio, fundada por Alejandro magno y heredera de su nombre, fue durante monedaconbarcoyfarossiglos la capital de los reyes ptolemaicos, antes de quedar englobada en el imperio romano. Incluso en la vastedad de este imperio, Alejandría siguió siendo un enclave de importancia capital. Egipto era el granero de Roma y, posteriormente, el de Constantinopla. Mantener el dominio sobre Alejandría, el gran puerto que controlaba el transporte de grano, fue una preocupación capital para los gestores imperiales. Los emperadores no dudaron en intervenir ante cualquier disturbio, en ocasiones haciendo uso de una fuerza brutal, para asegurar el mantenimiento del flujo de cereal.

Durante la Antigüedad, la urbe era considerada turbulenta y difícil de gobernar, con una población proclive a la insurrección. Así lo expresa el historiador del s. IV d.C. Amiano Marcelino: «una ciudad propensa a frecuentes, espontáneos e infundados estallidos de violencia».

La ciudad gravitaba alrededor de sus dos puertos: el Gran Puerto y el de Eunosto. Al observar en una mapa la disposición de la metrópolis es fácil comprender que los puertos eran uno de los elementos que más condicionaban la vida en la muy gloriosa ciudad de los alejandrinos (como aparece denominada en las fuentes).

Pero, desde el punto de vista intelectual, Alejandría era, posiblemente, la metrópolis más brillante del orbe grecolatino. A su reputada escuela de medicina hay que sumar las escuelas catequéticas cristianas, las academias de filosofía judías y paganas y los centros de estudios científicos herederos de la desaparecida Biblioteca real alejandrina. Su fama de ciudad docta, de templo de las ciencias y la filosofía, estaba perfectamente justificada.

Muestra de ello la ofrecen los resultados de las últimas excavaciones llevadas a cabo en el distrito alejandrino de Kom el-Dikka. Además de interesantes restos escultóricos, restos una villa, y un teatro, han salido a la luz salas de conferencias de época tardoantigua. En éstas se impartían clases públicas como, las que según nuestras fuentes, realizaba la propia Hipatia. Todo apunta a que acogían a conferenciantes de todas las creencias. En Alejandría, la ciencia era considerada un terreno neutro en el que las diversas creencias religiosas podían convivir.

Sala de conferencias excavada en Kom el-Dikka. En estos auditorios tenían lugar clases públicas como las que, según nuestras fuentes, impartía Hipatia.

(Fotografía tomada por la autora en un viaje de documentación a la ciudad de Alejandría)

 

 

 

En la Alejandría del s. V d.C., conviven la fastuosidad y la miseria, la elevación espiritual y las pasiones de todo signo, la apertura y el fanatismo. Pese a haber perdido el fulgor de los tiempos, de antaño, seguía brillando con luz propia. Ha sido, desde el momento de su fundación y a lo largo de toda su historia, un universo lleno de contrastes. No en vano es la ciudad que despertó tanta fascinanción en la Antigüedad como en los tiempos modernos; la misma que, en su día, albergó el Faro y el mausoleo de Alejandro Magno, «el héroe que pudo tener por tumba la tierra entera».

BABILONIA

La ciudad egipcia que en tiempos de Hipatia respondía al nombre de Babilonia corresponde a grandes rasgos con la moderna capital, El Cairo, que adquiere su actual nombre a partir del periodo musulmán. En la época en que se desarrolla la novela era una pequeña urbe fortificada en la que se encontraba el cuartel de la Legio VIII Gemina. Los restos de su acueducto romano aún pueden verse en Fustat, que hoy día está englobado en El Cairo antiguo.

SIENA

La Siena egipcia de época grecorromana yace bajo la ciudad que hoy día responde al nombre de Asuán. En la antigüedad se encontraba situada ante la primera catarata del Nilo; hoy día, ante la monumental presa de Asuán. En sus cercanías pueden verse las canteras de sienita, un granito rosado de enorme calidad que fue usado para construir muchos grandes monumentos del Egipto antiguo; por ejemplo, obeliscos, como el famoso obelisco inacabado que aún puede visitarse en uno de los yacimientos de la ciudad.

CIRENE

Durante gran parte de su historia fue la capital de Libia, también denominada Cirenaica o Pentápolis (dado que tras su fundación por los griegos, en el s. VI a.C., lideraba una confederación de cinco ciudades). Fundó y mantuvo su propia dinastía real, pero se enfrentó al inicio de su decadencia al ser integrada en los dominios del imperio ptolemaico.

Fue cuna de personalidades insignes como el gran científico Eratóstenes, el poeta Calímaco y el intelectual y obispo Sinesio; también lo es del protagonista de la novela, Atanasio.

PTOLEMAIDA / PTOLEMAIS

Fue la capital de la provincia de Libia durante la época romana. Albergaba la residencia del gobernador y la sede episcopal.

LIBIA GRECORROMANA

Los restos arqueólogicos de Cirene y Ptolemaida son una muestra del impresionante patrimonio que encierra la Libia grecorromana, cuya joya principal la constituye la ciudad de Leptis Magna.

Las imágenes desplegadas en los dos apartados anteriores son cortesía de Francesc Sánchez. Todos aquellos interesados en descubrir las grandes maravillas que nos reserva la Libia de la Antigüedad están invitados a visitar su espléndido álbum fotográfico.

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